Sin título

#MasterChef sigue siendo un fenómeno televisivo, pero su éxito no debe opacar las numerosas dudas que se plantean sobre su total transparencia. Si el programa quiere recuperar la confianza de su audiencia, debería replantearse muy seriamente la objetividad de sus mecanismos de evaluación y evitar caer en las insinuaciones constantes del sensacionalismo fácil. Mientras tanto, los espectadores siguen preguntándose si también en este talent hay intereses de por medio ¿es realmente el mejor cocinero quien gana, o quien más le conviene a la producción? Hemos visto las numerosas irregularidades denunciadas por aspirantes del Celebrity como #MaríadelMonte #Patricia Conde o incluso el cantante #XuxoJones exponía en un podcast todas las irregularidades que sufrió en sus propias carnes tras su participación en el #reality.
Tras la entrega del pasado lunes en el que #ClaraAranda colgaba el delantar, las redes sociales prendían fuego a la decisión del jurado cuestionando la imparcialidad del concurso de #ShineIberia #JordiCruz #PepeRodríguez y #SamanthaVallejo eran señalados en #Twitter de forma lapidaria tras haber expulsado a la concursante de la edición 13 Clara Aranda que llegó en el tercer programa y poco a poco se fue ganando el corazón de sus compañeros. Ahora, cinco semanas después, #Clara cuelga el delantal negro y dice adiós a las cocinas de #MasterChef13 dejando una huella imborrable entre todos y cada uno de sus compañeros. Pero el octavo programa nos dejó muchas más cosas: el Emilio más sincero, el mejor postre de la edición, una bronca entre Chema y Elena a cuenta de unas albóndigas o la gran capitanía de Ana. Lo que sí dejan claro los jueces es que, pasado el ecuador de la edición, el nivel sube y la exigencia también


 

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